¿Corruptos por naturaleza?

¿Corruptos por naturaleza?
El estar bien informado ayuda a tomar mejores decisiones

“El ser humano es un animal con una tendencia biológica a la corrupción”, sostiene sin ambages Luis Fernández, profesor de psicología en la Universidad de Santiago de Compostela y autor del libro Psicología de la corrupción y los corruptos, “con tendencia a lo que llamaríamos ser un free-rider, o un gorrón, a aprovecharse del sudor de los demás”, y, llegado el extremo, “a aprovechar cualquier cargo en beneficio propio”.

¿Se puede explicar por qué la gente, sean ciudadanos de a pie, políticos o empresarios, deja de cumplir con la ley y se corrompe? Básicamente, el camino que lleva a la corrupción es una combinación de un entorno propicio, una oportunidad y un tipo de personalidad que, superando el temor a un posible castigo, antepone el beneficio individual al interés de los demás y al cumplimiento de la ley.

Una perogrullada, aunque es oportuno recordarlo: nadie está a salvo de convertirse en un ser corrupto. No pagar el IVA en una factura, intentar sobornar a un policía para eludir una multa o a un funcionario público para acelerar un trámite administrativo, fingir una enfermedad para no ir al trabajo, falsificar datos de un formulario para obtener un beneficio social…

Corrupción, una cuenta de pérdidas y ganancias

El cálculo de pérdidas y beneficios lleva a otra dimensión útil para entender la corrupción, la económica, que establece que las personas que se corrompen son, ante todo, seres racionales.

Las personas se relacionan y toman decisiones en una interacción estratégica, es decir, en un intercambio de jugadas para conseguir un fin con el mayor beneficio posible y el mínimo coste. El homo sapiens maximiza resultados. El corrupto ve una oportunidad que implica una acción contraria a la ley o a la ética, y calcula los posibles resultados económicos: un beneficio o un lucro en caso de que no se le descubra y un coste o castigo, en forma de multa, cárcel, etc., si lo atrapan. De manera general, si el beneficio obtenido es mayor que el potencial coste de ser descubierto, se puede llevar a cabo la acción corrupta.

“La corrupción muchas veces comienza con la idea de cometer una infracción una sola vez, pero si sale bien, si no es descubierto, hay un incentivo para incurrir de nuevo en esa conducta", explica Antonio Argandoña, profesor de Economía y titular de la cátedra 'la Caixa' de Responsabilidad Social de la Empresa y Gobierno Corporativo del IESE.



Publicado: 2019-03-16 12:37:30 Visitado: 115

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